jueves, 2 de septiembre de 2010

Shantala - El Nacimiento del Bebe

“En le vientre de la madre, la vida era una riqueza infinita. Sin hablar de los ruidos y los sonidos, para el niño todo estaba constantemente en movimiento. Puede darse que la madre se levante y camine, que se de vuelta, que se agache, o que se ponga en puntas de pie, que limpie legumbres o maneje la escoba… cada cosa es una ola, cada cosa es una sensación para el niño. Y aunque la madre descanse, aunque la madre tome un libro y se siente o aunque se acueste y se duerma no por eso cesa su respiración cuya tranquilidad marejada, cuya resaca, continua acunando al bebe.
Y después, pasada la tempestad del nacimiento, el niño esta ahí, solo, en su cuna. O quizás, Dios mío, en una de esas camitas que son jaulas para recién nacidos. ¡No hay mas nada que se mueva! El desierto. Y el silencio. El mundo en derredor súbitamente se ha congelado, se ha fijado en una total y aterradora inmovilidad. Y después, en tanto que afuera se ha hecho un vacio total, de pronto desde dentro en alguna parte del vientre algo aferra, algo retuerce, algo muerde… “¡Mama! ¡Mama!” ¡Ah, Que terror!..
…Esta aquí, en el vientre, y se llama hambre…
…Hasta que finalmente del desierto que es –ahora- el mundo allá afuera, viene algo que calma, al fin, al monstruo que se ha despertado dentro.
Afuera, adentro…
Ya esta: el mundo se ha partido en dos. Adentro, el hambre. Afuera, la leche. El Espacio ha nacido.
Adentro, el hambre. Afuera, la leche y entre los dos la ausencia, la espera que es indecible sufrimiento. Y que se llama tiempo.
Y es así, que simplemente con el apetito han nacido el espacio y la duración…
… los bebes tienen necesidad de leche si. Y de recibir caricias. Pero más todavía de ser amados.
Oler es percibir el mundo más de lo que puede extenderse la mano.
Escuchar es explorar todavía más lejos
Y ver, ah! Ver… es con los ojos acariciar el universo a miles de leguas a la redonda.
Pero tocar: todo comenzó por esto.
En los bebes la piel ante todo,
Es el sentido primero.
Es ella la que sabe.
Ah! si, hay que cuidar esa piel, alimentarla. Con amor, no con cremas.
Ser cargados, acunados, acariciados, tocados, masajeados; cada una de estas cosas es el alimento para los niños pequeños tan indispensable, si no mas, que vitaminas, sales minerales y proteínas. Si se lo priva de todo eso y del olor, del calor y de la voz que tan bien conoce, el niño aunque este harto de leche, se dejara morir de hambre.”
Sacado del libro Shantala - un arte tradicional el masaje de los niños de Frédérick Leboyer

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